viernes, 30 de octubre de 2009

La séptima profecía

Una profecía es el don sobrenatural que consiste en conocer por inspiración divina las cosas distantes o futuras. A simple vista esta explicación puede dejar alguna que otra duda, y como ahora mismo no tenemos a Iker Jiménez para resolverlas, pienso que la mejor manera de entenderlo es con un ejemplo gráfico:

“Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y la presidencia de Zapatero en la UE en tan sólo unos meses. Estados Unidos y Europa, dos políticas progresistas, dos liderazgos, una visión del mundo, una esperanza para muchos seres humanos”.

El pasado mes de junio en los desayunos de Europa Press se realizaron estas proféticas declaraciones, que aparte de producir alguna que otra indigestión, casi hace despertar de su tumba al mismísimo Nostradamus. La última profecía que nos dejó estremecidos a todos, nos congeló la sangre, nos hizo entrar en estado de shock y todavía hoy nos mantiene en vilo, fueron las realizadas por aquel pobre diablo que atendía al nombre de Carlos Jesús, y que en una de sus muchas apariciones en el mundillo catódico predijo lo siguiente:

“Al mundo vendrán dentro de poco 13 millones de naves de alguna confederación intergaláctica, de Ganímedes, de Constelación Orión, de Raticulín, de Alfa, de Beta. Todo esto se está preparando ya, lo está preparando Antercharán. Entonces yo simplemente estoy marcando en la frente como Cristo me dijo, a los siervos de Dios, a los que han vivido en el tiempo de Israel......... Entonces la nave, cuando se ponga arriba, echará un halo de luz, como aquí ahora mismo, estas piernas las están elevando desde un platillo volante que hay a 45.000 kilómetros de altura”.

La principal diferencia entre ellas, es que las realizadas por Carlos Jesús todavía no se han cumplido, y con el paso de los años van perdiendo crédito. Pero se ha demostrado que nuestra intergaláctica Leyre Pajín es una excelente visionaria, y que al igual que Juana de Arco ha sido injustamente juzgada. Gracias a los “liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico” se ha producido un acontecimiento que de manera definitiva acabara con la odiada crisis, consiguiendo por fin una bocanada de optimismo para todos los hogares españoles. Después de buscar multitud de soluciones con los famosos planes para “reactivar” la economía, hemos encontrado la solución para salir de este pozo sin fondo.

El próximo domingo celebramos la festividad de Todos los Santos, pero debido a la globalización esta fiesta de respeto y recogimiento digna de los años en los que el nacionalcatolicismo campeaba por España, ha cambiado dando un giro de 180º. La víspera de esta conmemoración cristiana, ha pasado a ser una celebración pagana convirtiéndola en el día de Halloween, en la que grandes y pequeños nos disfrazamos con fantasmales vestimentas emulando a nuestros hermanos del otro lado del charco.

En una demostración de liderazgo, progresismo y visión del mundo, todos los seres humanos contemplamos con esperanza la siniestra vestimenta de las hijas de nuestro “presidente”. Con este golpe de efecto han conseguido que para la fiesta de Halloween, se hayan agotado todos los disfraces, y todas las tiendas dedicadas a la temática gótica han vaciado sus estanterías.

Eso si es un plan de estimulo a la economía y lo demás son tonterías, así que dejémonos de historias y dediquemos nuestros esfuerzos a incentivar el consumo de estas prendas para sacar a España de la recesión.

¡¡ VIVA EL PROGRESISMO !!

martes, 27 de octubre de 2009

Duerme niña

Jamás pensé que sentiría lo que siento,
todavía tu madre te lleva dentro,
y yo te llevo en el alma.

Porque eres tú la melodía en mis canciones,
porque eres tú la que da luz a los rincones,
más oscuros de mi alma.

Te quiero niña hasta hacerme llorar,
regalo del cielo prometo cuidar,
dándote mi vida.

Y pido perdón,
por los errores que todavía no cometí,
porque yo quiero serlo todo para ti,
y me da miedo no saberte demostrar .

Que mi corazón,
fue con el tuyo con el que empezó a latir.
Y aunque la vida me congele con su aliento,
vivirán mis sentimientos sólo con oír tu voz.

Jamás pensé que se reiría mi tristeza,
tú das calor a la mañana más sombría,
me trajiste la alegría.

Porque eres tú quien da sentido a mi existencia,
porque llegaste cuando más necesitaba,
cuando la vida me ahogaba.

Te quiero niña hasta hacerme llorar,
regalo del cielo prometo cuidar,
dándote mi vida.

Y pido perdón,
por los errores que todavía no cometí,
porque yo quiero serlo todo para ti,
y me da miedo no saberte demostrar.

Que mi corazón,
fue con el tuyo con el que empezó a latir.
Y aunque la vida me congele con su aliento,
vivirán mis sentimientos sólo con oír tu voz.

Duerme niña, tú tranquila,
de tus sueños cuidaré,
y cuando.....

Tú tengas pesadillas,
yo les haré cosquillas,
para que te rías también.

Ramón Melendi - Carlota

lunes, 26 de octubre de 2009

Frecuencia modulada

Como cualquier español de a pie, aunque al ritmo que vamos cada vez quedamos menos, cuando acudo a trabajar la única forma de soportar las retenciones y los embotellamientos matutinos es escuchando la radio. Lo más entretenido son los programas en los que un moderador y varios tertulianos se dedican a desgranar la actualidad política y social pero, aunque lo quieran vestir como periodismo serio, es lo mismo que ver a Mariñas y Karmele dirigidos por Jorge Javier (el gafapasta de Telecinco). Por todos es sabido que todo este tinglado está dirigido por grandes grupos de comunicación afines a determinados partidos políticos, por lo tanto se dedican a repartir leña a diestro y siniestro según sople el viento.

La temática de estos programas es similar. Una vez suenan las señales horarias comienza el programa, el director te suelta una arenga para levantar el ánimo de sus fieles y encender el odio de sus detractores, a continuación un grupo de “eruditos” que lo mismo te hablan del sexo de los ángeles que de la crisis mundial, comienzan a exponer sus “inducidos” razonamientos. Una vez terminada la tertulia viene la cara más divertida donde, en un ambiente más amable y menos tenso, se habla de noticias de sociedad para dar por finalizado el programa hasta el próximo día.

Pero lo que más me gusta después de haber escuchado todos y cada uno de los programas matinales, es la publicidad, si ¿preguntas?: ¿puedes recordar algún anuncio de la radio?, en el 90% de los casos la respuesta será: ¡¡ Maxical!! , ese milagroso aparato que cuando lo empiezas a utilizar, un mundo nuevo empieza en tu hogar, por lo pronto elimina el sabor a cloro del agua, notas como tu piel es tersa y deja de picarte, tu cabello queda liso y suave, por no hablar de la cristalería y la lavadora funciona mejor que el primer día. Lo más llamativo del asunto es que siempre están de promoción, es decir, por el precio de un aparato te regalan otro por la patilla, y además si realizas el pedido entre las cien primeras llamadas te obsequian con unas gafas de sol con MP3 incorporado, pero no contentos con ésto, si no quedas satisfecho puedes devolverlo en un plazo de tres meses sin coste alguno para tus sufridos bolsillos. Vamos que con esta marcha pueden montar un puesto en la feria de navidad y hacerle la competencia a la mítica "Tómbola Terremoto".

Hasta el momento éste era el mejor anuncio con diferencia porque una oferta así es irrechazable, pero desde hace ya algunos meses un tal Dr. Vázquez nos aconseja una serie de productos medicinales para aliviar y mejorar nuestra salud. Evidentemente no hay color, ante unas gafas con MP3 y unas pastillas que son mejor que la "purga del chato", me decanto sin dudarlo por el "Gran Chamán".

Después de muchas indagaciones para saciar mi curiosidad, he localizado la empresa que lleva todo este asunto, PHARMA OTC, empresa especializada en la investigación y desarrollo galénico de productos innovadores relacionados con la Prevención y Cuidado de la Salud y la Belleza.

Ésto es un pequeño ejemplo de los productos que anuncian en la radio, no dejéis de visitar su página web porque no tiene desperdicio:

BUENAS NOCHES... y deje de roncar: es una gama de productos formulados especialmente para prevenir y disminuir el ronquido, siempre que éste no sea debido a enfermedad o malformación anatómica.

• DON RÉGULO: complementos alimenticios formulados con elementos probióticos y/o prebióticos que ayudan a reponer y mantener la flora intestinal y colaboran en el reforzamiento del sistema inmunológico.

• DEMEMORY: preparado alimenticio complementario cuya fórmula equilibrada aporta nutrientes ricos en fósforo, aminoácidos específicos, lecitina, minerales y vitaminas del grupo B, esenciales para el buen funcionamiento de la actividad intelectual.

• ENERGISIL: tónico vigorizante a base de polvo de raíz de Panax Ginseng y Vitaminas. El Ginseng se conoce y utiliza desde tiempos inmemoriales por sus propiedades beneficiosas sobre el organismo, ya que posee propiedades energéticas y vigorizantes.

• DE VISION: es un complemento alimenticio formulado a base de Luteína, y Vitaminas A y E.

Después de consultar todos sus productos, éste es sin lugar a dudas el buque insignia de la medicina actual, el gobierno debería establecer por decreto-ley su consumo obligatorio, se trata del:

SISTEMA ALFA ALOE VERA: mezcla única de toda la hoja y gel interno de la planta del Aloe Vera. Las plantas están cultivadas de forma natural, siguiendo procesos ecológicos, tanto en su cultivo como en su elaboración. Esto permite garantizar que los componentes naturales de la planta permanezcan inalterados y aporten la máxima actividad de los componentes del jugo de Aloe Vera.

¿Cómo se os queda el cuerpo?...... espero que bien, porque a partir de ahora y gracias al Dr. Vázquez y a PHARMA OTC, cumpliremos el tópico de: dormir como lirones, cagar como caballos, tener la memoria de un elefante, más energía que una pantera y la vista de un lince.

Menos mal que no soy rico, porque toda mi fortuna la dilapidaría comprando toda esta parafernalia, así que el único consuelo que me queda es escuchar sus anuncios por la radio imaginando como sería mi vida si disfrutara de sus beneficiosos poderes curativos.

Fuente consultada: www.pharmaotc.com

jueves, 22 de octubre de 2009

No es oro todo lo que reluce

El culto al cuerpo se ha convertido en una especie de epidemia o más bien de obsesión. No contentos con acudir diariamente al gimnasio con el “personal trainer”, jugar al pádel, recorrer treinta kilómetros en bicicleta, hacer unos cuantos largos en la piscina y someternos a duras sesiones de cultivo de melanomas para adquirir ese delatador color anaranjad, nos dedicamos a visitar centros de belleza donde, bajo un ambiente de glamour y sofisticación, nos sometemos a tratamientos terapéuticos con nombres rimbombantes, ejemplos como: vinoterapia, chocolaterapia, oroterapia, tratamientos con leche, té y miel, son el vivo retrato o más bien la caricatura de la pijería elevada a la enésima potencia, y lo peor de todo es que sólo por el simple hecho de ser lo más “in” del momento, estamos dispuestos a pagar los 300 pavazos que cuestan las jodidas sesiones.

Aprovechando la coyuntura estoy pensado en abrir un local, diseñarlo en plan “zen”, que esté situado en una buena zona, donde bellas señoritas vestidas de negro, realicen tratamientos de “truño de vaca”. Con el simple hecho de salir en televisión, contando que mis tratamientos de “truñoterapia” tienen múltiples cualidades curativas, rejuvenecedoras, y que la gente más chic de la ciudad disfruta de nuestras profesionales manos, mi cuenta corriente pasará de los números rojos a unos azules y con muchos ceros a la derecha.

Otra de las cuestiones que me preocupan de esta terrible epidemia es todo lo relacionado con la alimentación. Aparte de moldear nuestros cuerpos hasta límites insospechados, debemos llevar una dieta sana y equilibrada para evitar la aparición del famoso colesterol, y sus compinches los triglicéridos. No hay producto que se precie en las estanterías de los supermercados españoles que no contenga al menos alguna de las siguientes acepciones: fibra, light, bifudus activo, multicereales, L.casei imunitas, omega 3 y oleico, supuestamente toda esta palabrería digna de Ramón y Cajal es para mejorar el tránsito intestinal o como dicen en mi pueblo "pa ir a cagar”.

Según los especialistas, consumir este tipo de sustancias en pequeñas proporciones es beneficioso para el organismo pero, si las consumes en exceso, es más peligroso que comer una ensaladilla con salmonelosis. Lo digo con conocimiento de causa y ahora sabréis porque:

Un domingo me desperté con una resaca tremenda, para más INRI me habían dejado solo en casa y lo peor de todo sin la comida preparada. Debido a mi estado no estaba por la labor de ponerme a cocinar, así que tome la decisión de comer cualquier cosa que saciara mi deshabitado estómago. Con desesperación me puse rebuscar en la despensa y lo único que encontré de fácil preparación, fue una caja de galletas. En principio el plan no me agradaba, pero cuando el hambre aprieta no hay tiempo para exquisiteces, así que preparé un buen tazón de leche, la aspirina de rigor y empecé a comer galletas como un descosido.

Transcurrida una hora empecé a notar un escalofrío por todo mi cuerpo, un retortijón apretó mi estómago y mis tripas empezaron a moverse de una forma sospechosa, como un rayo fui corriendo al baño, en ese momento la vida se me iba por el culo. Pasados unos angustiosos minutos, recuperé el aliento y atribuí mi estado a la jarana de la noche anterior, pero cual fue mi sorpresa al descubrir que el paquete de galletas que me había papeado tenía entre otras cosas: fibra, ciruelas, y extracto de kiwi, según las indicaciones del fabricante el consumo recomendado era de tres galletas al día, y yo solito me había metido entre pecho y espalda veinte.

Como podréis imaginar fue el peor día de mi vida, estuve a punto de la deshidratación y lo único que consiguió taponar la fuga de mis esfínteres fueron los 500 mg de “Imodum Plus”, administrados por vía intravenosa en una sola dosis.

Todo este invento de cuidarse y llevar una dieta equilibrada está bien, siempre y cuando se haga con “coneiximent”. De todos modos lo más sano que hay en el mundo es la paella que se curra mi madre los domingos.

¡¡Eso sí es culto al cuerpo y lo demás son tonterías!!

lunes, 19 de octubre de 2009

La 13-14

Engañar, timar, robar, estafar, embaucar, son palabras que tienen un mismo o muy parecido significado, pero como ocurre habitualmente la voz del pueblo es la que manda, y estos términos acaban degenerando en otros “más vulgares”, para convertirse en expresiones como: hacer la rula, la bicicleta, la jugada, la garba y por supuesto no podemos olvidarnos de la más popular de todas, “la 13-14”.

Cuenta la leyenda que los aprendices que entraban a trabajar en un taller mecánico eran sometidos a una serie de bromas por parte de los más veteranos del lugar, una de ellas era enviarlos a por la llave 13-14, después de un buen rato de infructuosa búsqueda y al escuchar las risas de sus compañeros, comprendían que la citada llave no existía y aprendían a la fuerza que sus medidas eran: 6-7, 8-9, 10-11, 12-13, 14-15, 16-17, etc.

Estamos a punto de cumplir una década desde el comienzo del nuevo siglo, en la que en mayor o menor medida nos hemos dedicado a pegarnos la vida padre sin pensar que como en toda fiesta, al final hay que pagar la factura. A la sombra de esta locura consumista y aprovechando la coyuntura, nacieron las empresas de créditos rápidos, en las que podías solicitar un préstamo por importes que oscilaban entre los 600 € como mínimo hasta los 6.000 €, los cuales podían amortizase hasta en 60 meses en función del importe solicitado.

Simplemente con realizar una llamada y presentar la misma documentación que necesitas para hacerte socio del videoclub, te aseguraban que recibirías el importe solicitado en un plazo máximo de 48 horas con total confidencialidad. La gente bien por ignorancia o por desesperación, hacía caso omiso a las condiciones del contrato, y aceptaba unos tipos de interés desorbitados que rondaban los límites de la usura.

Gracias a un tipo con pinta de “urbesexual” que los viernes por la noche en la cadena de Polanco se dedicaba a explicar a esta pobre gente como se la habían metido doblada, puso en estado de alerta a toda la población, y consiguió que estas empresas desaparecieran de manera paulatina hasta no dejar rastro de su existencia. Pero como ocurre en este tipo de negocios, resurgieron de sus cenizas y aparecieron con una nueva identidad, y a las pruebas me remito.

Desde este verano se emite en televisión un anuncio que me llama poderosamente la atención, su eslogan es “Oro por euros”, en el que un tipo ¿pregunta?:

¿Necesita dinero?, ¿No llega a fin de mes?, ¡¡Esta es su gran oportunidad!! . En oro por euros convertimos sus joyas de oro en “euros”. Todo esto te lo dice un “payo” con un buen fajo de billetes en su mano para hacer más atractiva la oferta, después unos personajes te intentan convencer que hay que aprovechar el precio alcista que actualmente tiene el oro, te proponen que vendas todo el “colorao” que tienes en casa, y a cambio te lo pagan al precio máximo de cotización, por supuesto con total confidencialidad y presentando la misma documentación que necesitas para comprar un bono-bus.

¡¡Manda huevos!! , no tenían bastante con desplumarte y condenarte a pagar intereses para el resto de tus días, que ahora el poco oro que has conseguido reunir a lo largo de tu vida lo tienes que cambiar por un puñado miserable de euros. Tengo que decir que este anuncio deberían retirarlo de la televisión, porque es más peligroso que “un tiroteo en un ascensor”, y puede incitar a la delincuencia. Ya me imagino a bandas de albanokosovares asaltando residencias de ancianos con los alicates en la mano para arrancar los dientes y muelas de oro que encargaron en su día por si venían tiempos difíciles.

Pero como esto es un circulo vicioso y nunca tienen suficiente, el próximo paso para terminar de humillarte y acabar con la poca dignidad que te queda, será presentado el siguiente eslogan: “Tu cuerpo por deudas”, en que el mismo tipo ¿preguntará?:

“¿Está preocupado?, ¿las deudas no le dejan dormir?, ¿se siente abatido e inapetente?, ¿debe más que Alemania después de la guerra? ¡¡Tranquilo tenemos la solución a todos sus problemas!! . Evidentemente nuestro amigo te lo dirá con un nabo de dimensiones similares a las de John Holmes en su mano. Como es de imaginar, unos personajes te intentaran convencer que todas tus deudas desaparecerán a cambio de convertir tu culo en un bebedero de patos.

El refranero español dice que “de las grandes cenas están las sepulturas llenas” y que razón tienen, porque la indigestión de este banquete, va a durar hasta que terminemos por explotar igual que la famosa “burbuja inmobiliaria” y si no al tiempo.

viernes, 16 de octubre de 2009

Pongamos que hablo de .....

En el año 1980 Joaquín Sabina, uno de los más grandes poetas y cantautores que ha parido nuestro país, compuso para su disco Malas Compañías, la canción “Pongamos que hablo de Madrid”. Desde aquel momento se convirtió en un himno no sólo para los madrileños, sino también para el resto de españoles. Es de admirar como en seis estrofas se puede narrar de una forma tan nítida, gráfica y emociónate el modo de vida de una ciudad y la de sus habitantes, hasta el punto que te hace sentir parte de ella.

Digo esto porque hace unos días de manera casual pase por la calle en la que vivimos durante catorce años, lo que me trajo gratos recuerdos de mi infancia y adolescencia. Así que como el maestro Sabina pongamos que hablo de……”mi calle”.

En los escasos 600 metros de recorrido que tenía, al igual que el resto de las del barrio, eran como pequeñas ciudades dentro de una más grande. Podías encontrar pequeños comercios de lo más variopintos, incluso al comienzo de la nuestra había una pequeña placeta que albergaba un mercado con paradas de madera en color verde, donde pasábamos tardes enteras jugando a pillar y al escondite.

Pero de todas las calles del barrio la nuestra era la mejor con diferencia, y no digo esto por hacer patria, tengo razones de peso para que el resto de barrio nos envidiara. Razón, por la que casi siempre andábamos a la gresca con la gente de las calles adyacentes. Cuando llegaba el verano, nos dedicábamos a combatir en una ardua guerra de globos de agua, pero nosotros teníamos ventaja , pues la única fuente de la zona estaba en nuestra calle, así que después de llenar toda nuestra munición, firmábamos un pacto de no agresión para que el resto de combatientes se pudiera aprovisionar. Evidentemente ese pacto, al no estar escrito en papel y como las palabras se las lleva el viento, nunca se cumplía y cuando empezaban a llenar los globos, realizábamos una gran emboscada y no dejábamos títere con cabeza.

Debido a las continuas victorias, nuestra calle se convirtió en centro neurálgico de reunión. Aunque siempre estábamos peleando éramos buenos amigos. Aparte de puñetazos y patadas compartíamos la merienda y "losss chuchesss" que comprábamos en la tienda de la “respetable viuda”. La mayor parte del tiempo la dedicábamos a jugar al fútbol , utilizando como portería el bordillo de la acera y la tapa de registro de mitad de la calle, pero lo que más nos gustaba era subirnos al camión-grúa abandonado, que estaba aparcado de manera permanente en la puerta de los “Talleres Cones” y que compartíamos amablemente con algunos yonquis del barrio que lo utilizaban para administrarse sus adictivos pinchazos, con la única condición que no dejaran resto alguno de las herramientas utilizadas para sus menesteres.

Otro de los lugares de diversión que había en mi calle era una casa que se dedicaba a rellenar los sofás, colchones y almohadones de goma espuma. Este negocio era de unas amigas de mis hermanas, y nosotros le llamábamos “la planta baja”. Allí, emulando a Heidi cuando se lanzaba sobre una nube de algodón, dedicábamos el tiempo a tirarnos desde un altillo encima de montones de goma espuma.

Al principio de la calle vivía el Sr. Antonio o como vulgarmente le llamaban debido a su oficio “ El Zapatero”, su local, por llamarlo de alguna manera, no tendría más de 8 m2, y estaba ubicado en el entresuelo del edifico donde vivía. Cuando mi madre le llevaba algún encargo, ya que por aquel entonces era habitual apurar el calzado hasta las últimas consecuencias, siempre la acompañaba. Al entrar en aquel pequeño pero caótico lugar, debido a la multitud de zapatos que acumulaba, me quedaba embelesado viéndole trabajar con sus grandes manos ásperas y su mandil de piel, sin apartar la mirada de la pieza que estaba manipulando, me preguntaba: ¿qué vas a ser de mayor? , a lo que respondía de manera instantánea: ¡¡zapatero!! , ante mi respuesta sonreía y me obsequiaba con un “sugus”, pero sin duda lo que más me gustaba era el olor a betún y cuero que había en aquel pequeño cuchitril.

Justo en enfrente estaba la tienda de Isabelín, era una mercería y perfumería donde además podías comprar el uniforme del colegio, y algo de material escolar. Con los años aquella tienda se convirtió en el orgullo del barrio, su nombre se inscribió en el Libro Guinness de los Records, porque desde el día de su inauguración hasta su cierre por jubilación mantuvieron el mismo escaparate sin variar ni un ápice los productos que lo componían.

Avanzando unos pasos te encontrabas con “Modas Meyni”, una boutique infantil donde nuestras madres compraban algún que otro modelito para asistir a bodas, bautizos, comuniones, y toda esa clase de eventos en los que te vestían con zapato azul marino de hebilla, calcetín calado blanco o beige, pantalón de pinzas corto, y rematado con un lamentable canesú que te daba un aspecto de lo más repelente.

Para completar el recorrido teníamos un taller de carpintería metálica, dos ebanisterías y una casa de repuestos industriales (Rogelio Pons) para más señas. Otro de los puntos calientes de mi calle era la “trapería”, donde todos los buscavidas del barrio acudían con sus carros llenos de cartones para venderlos al peso, por cierto, ¿sabéis lo que hacían antes de llevar la mercancía?, paraban en la fuente para mojar la carga y conseguir unos kilos extras, ¡¡lo que aprende uno en la calle!!.

Otro de los locales dignos de mención era el palomar del Sr. Juan, que dedicó su jubilación al cuidado de palomos para competiciones deportivas. Recuerdo que cuando mi madre me recogía del colegio parábamos en su puerta y después de preguntar si me había lavado las orejas, de manera mágica sacaba un caramelo de ellas.

Para concluir teníamos el gran privilegio de albergar una sala de recreativos, lugar donde de manera furtiva y cuando la economía lo permitía entrabamos a echar unas partidas. Mi padre me prohibía tajantemente estar en los recreativos porque según él sólo había mala gente y sobre todo su dueño. Yo no lo podía creer ya que aquel hombre era un tipo regordete, con bigote, y pinta de bonachón, que en vez de caja registradora, vestía riñonera de piel en la que guardaba las monedas y los billetes de la recaudación. Con los años me pude enterar que mi padre tenía razón, aparte de los recreativos se dedicaba al menudeo de varias sustancias de dudosa legalidad, hasta que la policía cerró el local.

A diferencia de Madrid, en la que “no queda sitio para nadie”, nuestra calle tenía plazas libres para todos, ya que como os he contado, por aquel entonces era el centro de nuestro pequeño mundo.

miércoles, 14 de octubre de 2009

A todo color

En el mundo de la música siempre han existido historias y leyendas que con el paso de los años se han convertido en mitos. Una de ellas es la famosa canción de los Beatles “Lucy in the sky with diamonds”, la prensa del momento publicó, que las iniciales del titulo de la canción formaban la palabra LSD, que junto a la marihuana eran las drogas más consumidas en aquellos tiempos de amor libre y psicodelia. Simplemente con ver el video de la canción podemos comprobar que Lennon, el más díscolo de los Beatles iba de ácido hasta las cejas.

La versión oficial según palabras de los cuatro de Liverpool fue que en el año 1967, Julian el hijo de John Lennon llegó a casa con un dibujo que su compañera de escuela Lucy O’Donnell le había regalado, esto llamó poderosamente la atención del padre, que al preguntarle al hijo por el dibujo, le contestó que era: “Lucy in the sky with diamonds”, aquello le impactó de tal manera que decidió dedicarle una canción.

Aquí está la muestra de que el Sr. Lennon se había tomado su ácido y el de sus compañeros de grupo pues la letra no tiene desperdicio.

Imagínate en una barca, en un río
con árboles de mandarinas y cielos de mermelada.
Alguien te llama, tú respondes lentamente,
una chica con ojos de calidoscopio.

Flores de celofán amarillas y verdes,
se elevan sobre tu cabeza.
Buscas a la chica con el sol en los ojos,
y se ha ido

Lucy en el cielo con diamantes

La sigues hasta un puente junto a una fuente,
donde gente en caballito, come pasteles de malvavisco.
Todos sonríen mientras pasas frente a las flores,
que crecen increíblemente altas.

Taxis de periódico aparecen en la orilla,
esperando para llevarte.
Subes al asiento trasero con la cabeza en las nubes,
y te has ido

Lucy en el cielo con diamantes

Imagínate en un tren en una estación,
con mozos de plastilina, con corbatas de espejo
De pronto hay alguien en el torno.
La chica con los ojos de calidoscopio.

Lucy en el cielo con diamantes.

Posiblemente una historia parecida le ocurrió a la persona que tuvo la brillante idea de diseñar los típicos, tópicos y míticos “Rockys”, icono de moda ochentera por antonomasia, cuyos principales precursores en nuestro país fueron los protagonistas de la serie “Verano Azul”.

La prenda en cuestión era una especie de calzón de boxeo pero en versión renovada, según los dictámenes de la moda, estaban ribeteados por una tela de color blanca, y el secreto de su éxito en mi opión, fue que su gama de colores brillantosos era más extensa que los de la bandera del “orgullo gay”. Lo bueno del rocky, es que lo vestían mujeres y hombres, era pieza fundamental para época estival, podías conjuntarlo con camiseta, niqui (siempre me ha gustado esta palabra es muy de madre) o camisa. Era una prenda tan cómoda que se convertía en una segunda piel, de hecho al finalizar el verano, muchos de ellos habían adquirido vida propia y entraban por su propio pie en el armario hasta la próxima temporada.

Posiblemente cuando estés leyendo este post acudirá a tu memoria alguna imagen en la que lucías orgulloso el rocky, los colores más frecuentes eran: rojo, azul, amarillo y verde pero el festival cromático de su diseñador/a no tenía parangón así que podías vestir cualquier color imaginable.

En los últimos años se ha puesto de moda celebrar el día de: la familia, los abuelos, la infancia y un largo etcétera que todos conocemos, para ser justos deberíamos unirnos, recoger firmas, y dar al rocky el homenaje que se merece, ocupar un lugar privilegiado en el Olimpo de los dioses de la moda.

Días de cine y lágrimas

Como todos los veranos el mes de julio lo pasábamos disfrutando en el apartamento que mis abuelos tienen en El Perelló. Aparte de pasar todo el día en remojo entre la playa y la piscina, una de las distracciones por excelencia sin contar con los “Autos de choque”, era acudir al cine a ver alguna de las películas que se proyectaban en los Cines Avenida.

Después de los trailers de rigor, del anuncio de las majestuosas lámparas de Rafael Tormo, los fantásticos muebles de Passe-Avant y del discotequero Movirecord comenzaba la película.

Aunque era bastante pequeño recuerdo perfectamente aquel día, más que nada porque aquello era un autentico dramón, digno del más edulcorado de los films a la que la industria de Hollywood nos tiene acostumbrados, en parte gracias a la interpretación de un pequeño “querubín” que hacia manar mares de lágrimas fundamentalmente en el sector femenino de la sala. Además tengo grabada en mi retina la imagen de todas las féminas de mi familia y de sus amigas saliendo del cine, con los ojos hinchados y sus rostros desfigurados, debido a aquel infumable melodrama, que cada vez que veo la cara de Belén Esteban viene a mi memoria aquella terrible imagen.

La película en cuestión era “El Campeón” en la que un atormentado ex campeón de boxeo atrapado por la bebida y el juego decide volver al ring para recuperar su prestigio, gracias a la aparición de su repelente hijo y su sufrida mujer.

Otra de las visitas obligadas al cine era durante la vacaciones de navidad, en las que presentaban grandes estrenos dirigidos al público infantil y juvenil. Cuando llegaban aquellas fechas aparte de los regalos, de la foto con el rey de turno en puerta de Lanas Aragón, y de la liturgia que acompaña a las fiestas navideñas, lo que esperaba con más ansiedad era acudir el día de Navidad a casa de mis tíos para que mi abuela nos diera las “estrenas”.

Como mujer de costumbres que era, nos hacía colocarnos en fila empezando por el de menor edad y terminado por el mayor, aquel año perdí el privilegio de ser el primero pues había nacido mi hermano. Una vez colocados nos acercábamos a ella, y como si de una gran matriarca se tratara, nos hacia extender la mano y contar junto a ella los billetes con los que nos iba a obsequiar.

Pero aquellas navidades había un regalo extra, porque nos íbamos a ver con ella en el cine Tyris el gran estreno de la temporada, “E.T, el extraterrestre”, película entrañable donde las haya dirigida por el maestro Spielberg, que cuenta las aventuras de Elliott y sus hermanos junto a un extraterrestre bajito y cabezón.

Aquella tarde de viernes nuestra abuela nos recogió en casa , y junto a mis primos nos dirigimos nerviosos a ver la película, después de derramar alguna que otra lagrimilla, salimos del cine con la sonrisa pintada en la cara y mirando hacia el cielo con la esperanza de ver la nave espacial con la que el pequeño extraterrestre se había marchado a su planeta.

En la escena final al despedirse, E.T apuntando con su dedo al corazón le dice a Elliott: “Estaré aquí mismo”. Al igual que nuestro querido extraterrestre, ella siempre estará en nuestros corazones.

martes, 13 de octubre de 2009

Barco de cristal

Antes de que te deslices en la inconsciencia,
Quisiera otro beso,
Otro fugaz momento de felicidad,
Otro beso,
Otro beso.

Los días son claros y llenos de dolor,
Envuélveme en tu suave lluvia,
El tiempo que vivisite fue demasiado loco,
Volveremos a encontranos,
Volveremos a encontrarnos.

Oh, dime donde se esconde tu libertad,
Las calles son campos que nunca mueren,
Librame de las razones por las que
Tú preferías llorar,
Yo prefería volar.

El barco de cristal se está llenando,
De miles de chicas, mil sensaciones,
Un millón de maneras de pasar el tiempo;
Cuando regresemos,
Dejaré una pista.

James Douglas Morrison - The Crystal Ship

Abracadabra

Como dice mi sobrino: “mamá tengo miedo en la tripa”. Esa es la sensación que noto al escuchar los primeros acordes de la sintonía de La bola de cristal. Pero más que miedo es vértigo, pues sin darnos cuenta ha pasado la friolera de 25 años. Desde este blog, me gustaría rendir un pequeño homenaje al que en mi opinión ha sido uno de los mejores programas de la historia de la televisión.

El programa lo presentaba Alaska con un look digno de las hijas de Zapatero, junto con unos guiñoles llamados “Electroduendes”: Maese Sonoro, Maese Cámara, Hada Video y Hada Truca, acompañados por la malvada Bruja Avería y su aprendiz Amperio Felón.

Durante el programa podíamos ver videos y actuaciones de los grupos musicales del momento, se hacían entrevistas a personajes de relevancia en el mundo de la cultura, de la política, etc., disfrutábamos de series como: La pandilla, Los Munsters y Embrujada, se proyectaban monográficos sobre la vida de antiguos personajes de cine, y para finalizar se emitían unas extravagantes historias protagonizadas por Javier Gurruchaga en las que interpretaba a todos los personajes de una alocada familia.

Cada sábado por la mañana después de haber disfrutado y sufrido con los concursantes del (un, dos, tres) la noche anterior, me sentaba hipnotizado frente al televisor viendo La bola cristal. Después, mis hermanas y yo pasábamos todo el fin de semana cantando sus canciones e imitando a sus personajes.

Haciendo un pequeño repaso a los archivos de mi memoria y a los de televisión española, he recopilado algunos de los míticos mensajes del programa:

“Viva el mal, viva el capital”

"Tienes quince segundos para imaginar... Si no se te ha ocurrido nada, a lo mejor deberías ver menos la tele"

“Soy Avería y aspiro a una alcaldía”

"Si no quieres ser como ellos, lee"

"¡Haz deporte! ¡No eches tripa! ¡Juega limpio! ¡Participa!"

"Voy a desaprender para desenseñar cómo se deshacen las cosas"

"Solo no puedo, con amigos sí"

Y sobre todo el archiconocido estribillo de la canción “Abracadabra”:

“Te sientas enfrente y es como el cine,
todo lo controlas, un alucine
es como un ordenador personal
es la bola de cristal”

Tras cuatro años de emisión el gobierno de la época intentó vetar y manipular los contenidos del programa, parece ser que se habían olvidado del “espíritu de la transición”. Su creadora Lolo Rico no cedió a las presiones políticas y como si de uno de los cortocircuitos provocados por la Bruja Avería se tratara, tomó la determinación de desenchufar la bola para siempre.

Aunque era todavía un infante y no entendía muchos de los mensajes que sus personajes contaban, mirándolo en retrospectiva me doy cuenta del valor social que tenían. Gracias a ellos la mayor parte de aquella generación son personas de provecho. Miedo me da pensar en el futuro que nos espera con la infancia que ha crecido entre los “Teletubis” y los “Pokémon”.

Tal como está el panorama actual me cuesta creer que un programa así vuelva a emitirse, pero como popularmente se dice: “La esperanza es lo último que se pierde”.

jueves, 8 de octubre de 2009

Atrapado en el tiempo

Cuando recuerdo esta historia me sigo estremeciendo como aquel día, es la típica imagen que de manera mecánica, guardas en el baúl de los recuerdos de tu memoria para que se llene de polvo con el paso de los años.

La historia se remonta al año 1981, de manera inexplicable se produjo un terrible acontecimiento que estremeció las vidas de millones de españoles. Una conocida estrella de la radio había sido asesinada a manos de un ser despreciable, que durante años martirizó nuestras mentes, igual que la de Alex en la “naranja mecánica”.

Desde siempre he sido una persona a la que le ha gustado estar poco en casa, prefería andar callejeando con los amigos, y cuando la economía lo permitía, que eran contadas ocasiones, acudía a los recreativos a echar unas partidas al futbolín y a las máquinas de juegos del momento. Pero debido a aquel desgarrador asunto mis amigos empezaron a comportarse de manera diferente, cada vez les gustaba menos salir de casa, principalmente los fines de semana, que es cuando más tiempo teníamos para divertirnos. Hasta que llegó el día en el que entraron en estado catatónico, y no solo eso, sus familiares también terminaron bajo la posesión de aquel terrible ser.

Una tarde de invierno decidí entrar en casa de uno de mis amigos, con los nervios a flor de piel comencé a recorrer un largo y oscuro pasillo que desembocaba en el comedor. Conforme avanzaba, mis pulsaciones iban en aumento, sentía como la sangre corría por mis venas a velocidad supersónica, mi respiración era fuerte y jadeante. Pero mereció la pena, pues por fin descubrí la razón por la que pasaban los días encerrados en casa, habían comprado un “video”.

Pero lo que más me impacto de la situación no fue ver a la familia en estado vegetativo viendo películas sin parar, fue su vestimenta. Debido a mi ignorancia, pensé que al comprar el video, el manual de instrucciones obligaba a llevar aquel atuendo. Todos y cada uno de sus miembros vestía con “esquijama”.

Según el diccionario de la lengua española, esquijama es un pijama compuesto de pantalón ajustado a los tobillos y jersey. Pero esta definición es incompleta, porque a esto hay que añadir los calcetines por encima del pantalón, y éste a su vez colocarlo por encima del jersey a la altura de las axilas. Esto se realiza así, ya que por mucho que subas el pantalón siempre queda "colgandero", como si llevaras un pañal gigante. Se puede complementar con batín de felpa o guatiné en el caso de las féminas, en cuyos bolsillos siempre quedan restos de algún pañuelo de papel con los mocos de la última gripe, para completar tan espantosa vestimenta debes calzar zapatillas de cuadros con suela de goma amarilla.

Otra de las cuestiones que me turbaba, era como podían sobrevivir a las maratonianas sesiones de video, pero pronto obtuve la respuesta. Se hidrataban con varios litros de Coca-Cola e ingerían aproximadamente unos 20 kilos de pipas por persona y día. Una vez expirado el plazo de visionado recomendado por el fabricante, consumían varios comprimidos de “Aero-red”, para expulsar los gases y grandes cantidades de “Ungüento Cañizares”, para rebajar la hinchazón de la morrera después de haber consumido tal cantidad de sal.

Después de muchos pataleos mis padres compraron el video, pero cual fue nuestra sorpresa que en el manual de instrucciones no había nada relacionado con los esquijamas. Mi padre, para quedarse más tranquilo llamó al servicio técnico para que resolvieran nuestra duda. El técnico le respondió que la mayoría de los usuarios utilizaban aquella prenda para ver sus proyecciones, pero que eso era decisión personal de cada cual.

Con aquel diabólico aparato, fuimos testigos de interminables horas sentados frente al televisor, engullendo las grandes sagas de: Charles Bronson, Chuck Norris, Pajares y Esteso, Loca academia de policía, Viernes 13, Karate Kid, Rambo, Rocky y tantos bodrios que la lista es interminable.

Durante la década de los 80 los españoles quedamos atrapados bajo el influjo del video, y por extensión de los videoclubs, lugar de culto de aquellos años, pero como este tema da para algún que otro post, no me voy a extender más sobre ello.

Como decía la canción: “Video killed the radio star”. Hoy en día internet ha matado a los dos, pero para nuestra desgracia no ha podido todavía acabar con los esquijamas, pues son muchas las personas que cuando pasan las horas sentadas frente al ordenador lo hacen vestidos con tan horripilante y lamentable prenda.

¡¡Hay cosas que ni el tiempo ni la tecnología podrán cambiar!!

lunes, 5 de octubre de 2009

Las olimpiadas del horror

La XXV edición de los Juegos Olímpicos se realizó en la ciudad de Barcelona en el año 1992, según cuentan las crónicas del momento fueron los mejores juegos de la historia. Para el deporte patrio fueron unas olimpiadas plagadas de éxitos, consiguiendo veintidós metales, trece de ellos de oro, y ocupando el sexto lugar en el medallero olímpico.

Como herencia de los citados juegos, Barcelona dió un cambio radical a su imagen mejorando sus infraestructuras, modernizando la ciudad y construyendo nuevas instalaciones deportivas. Todo ello fue posible gracias a la aportación millonaria que el gobierno de la nación realizó limpiando los esquilmados bolsillos de todos los españoles. A cambio, recibimos una herencia de la que desgraciadamente todavía estamos pagando consecuencias.

Aparte de los éxitos deportivos, la proyección que supone a nivel mundial unos juegos olímpicos y toda esa clase de monsergas, nuestros atletas, quiero pensar que por obligación, dejaron una terrible lacra. Vestían una prenda que marcó la estética nacional durante la década de los noventa. Estoy hablando del controvertido “chándal de tactel”.

Según los expertos, la fibra de poliamida TACTEL proporciona:

• Con su estructura muy fina, una gran comodidad de vestir: tan fina como la de un papel arrugado.

• Aumenta al mismo tiempo la resistencia de la prenda: fondo de armario imprescindible de todos los hogares españoles del momento.

• La adición de tactel prolonga la vida de la misma, dotándola además de permeabilidad: se ha convertido en uniforme oficial de todos los yonkis y aparcacoches de las grandes ciudades que todavía sobreviven en el asqueroso mundillo de las drogas.

El chándal se componía de dos piezas: un pantalón y una chaqueta con goma elástica en tobillos y muñecas respectivamente cuya función principal era la de dar un aspecto bombacho a tan horrible prenda. Normalmente se acompañaba de calcetín deportivo en dos de sus versiones más características, blanco con raya horizontal azulgrana o el mítico de las raquetas entrecruzadas.

Su diseño pretendía emular a “Piet Mondrian” fundador del neoplasticismo, pero en una versión más dominguera. La prenda era un collage a tamaño natural mezclando retales de colores de lo más variopintos, posiblemente seleccionados por algún diseñador daltónico. Y los que para mí ocupan un lugar privilegiado en el ranking de la caspa total, son aquellos modelos a los que les añadían un toque fosforescente.

Aunque existía una variante más patética, si cabe, que sentó cátedra entre la mayoría de las amas de casa de aquella década. Era la del chándal en su versión folclórica. Su pionera fue la tristemente desaparecida Rocío Jurado, que con gran arte coronaba la prenda deportiva con unos zapatos de tacón (no es broma, existen pruebas fotográficas que lo demuestran). Una vez presentada en sociedad esta versión a través de las revistas del corazón, era difícil encontrar alguna ama de casa que no bajara al mercado con tan ridícula vestimenta.

Desgraciadamente para nuestra salud mental, el chándal de tactel se convirtió en prenda fetiche de millones de españoles. Durante la semana siempre te cruzabas por la calle a gente llevando la terrorífica prenda, pero era el fin de semana cuando el nutrido grupo del "sector chandalero" deambulada por las calles de la ciudad. Hombres, mujeres, niños, familias enteras paseaban alegremente exhibiendo sus modelos como si de la “Madrid Fashion Week” se tratara. Fue tal la repercusión, que se convirtió en pieza indispensable para visitar los centros comerciales, zonas de ocio e incluso enlaces matrimoniales.

Como todos sabemos, Madrid ha vuelto a quedarse a las puertas de organizar los juegos olímpicos de 2016. Se han realizado grandes inversiones, se ha dotado a la ciudad de todas y cada una de las condiciones que el Comité Olímpico Internacional exige. Pero la razón que ha decantado la balanza hacia Rio de Janeiro es única y exclusivamente, que el mundo corría el riesgo de que se volviera a exhibir esa lamentable imagen de los atletas subiendo al podio con un chándal de tactel.

Así que si al Sr. Gallardón le quedan fuerzas para presentar una nueva candidatura, que se olvide de las instalaciones, infraestructuras y todas esas nimiedades y dedique su proyecto al diseño de la ropa deportiva que lucirán los futuros atletas.

jueves, 1 de octubre de 2009

Las siete diferencias

Cuando éramos pequeños no había cosa más divertida que sentarse los sábados frente al televisor para disfrutar con los juegos, las canciones y las historias de los “payasos de la tele”. ¿Quién no recuerda las aventuras de nuestros queridos Gaby, Fofó, Fotito y Miliki? y por supuesto no podemos olvidarnos del Sr. Chinarro, aquel entrañable personaje que era víctima constante de las bromas y puñeterías de los payasos. Con el desagraciado fallecimiento del añorado Fofó, se incorporó al elenco Milikito, y ya en los últimos años del programa Rody.

Su mítica frase: ¿Cómo están ustedeeeeeeeeesssssssssss? y sobre todo las letras de sus canciones, han quedado grabadas a fuego en nuestra memoria. Son letras atemporales, que nunca pasaran de moda, pues a día de hoy la infancia de nuestro país las sigue cantando.

Como en aquellas típicas tardes de sábado, al igual que los payasos, os voy a proponer un juego. Consiste en comparar dos imágenes que a primera vista son iguales pero que, si le pones un poco de atención, descubres que realmente nada es lo que parece. Es un juego simple, pero muy divertido, así que poner ojo avizor y a disfrutar del………………….. :

“Juego de las siete diferencias”

Nota: pinchar en la imagen



Como ya os había avisado, este juego es muy simple, y las diferencias son evidentes. En la parte izquierda del cuadro, la letra está escrita en el año 1974 mientras que en la parte derecha, la letra es una versión renovada que Miliki publicó en su disco “A mis niños de 30” en el año 1999.

Estamos todos de acuerdo que la letra es machista, porque la pobre niña no puede jugar al tener que realizar todas las labores del hogar y, para colmo de males, el único día libre lo tiene que dedicar a rezar (manda huevos), mientras que el niño esta tocándose las pelotas. Pero más asombroso parece si cabe, la nueva versión remasterizada.

Los niños de 30 hemos crecido en democracia, nos hemos adaptado al estilo de vida que marca la sociedad actual y por supuesto creemos en la igualdad de género. Por eso me parece una tremenda “payasada” modificar la letra de la canción.

Estamos hablando de una canción infantil y pienso que nadie se debe ofender por ello. Quien tiene que inculcar valores a los niños son sus padres, y no los payasos con sus canciones. Además, si tan políticamente correctos queremos ser ¿porque no hemos puesto el grito en el cielo con el título del disco Miliki?. Por esa regla de tres, debería haber titulado su disco “A mis niños y niñas de 30”, para tener contentos a todos los miembros y miembras de ésta nuestra comunidad. Venga no jodamos, y dediquemos más tiempo a la educación de los pequeños que buena falta hace.

La tienda en casa

Nuestra vida cotidiana está llena de pequeños inventos que nos hacen la vida más fácil. Uno de los mejores del pasado siglo es sin lugar a dudas el “Tupperware”, o como decían nuestras abuelas la “tartera”. Ese bendito recipiente en el que nuestras madres nos preparan copiosas raciones de comida para que subsistamos una vez nos hemos independizado.

Su creador fue Earl S. Tupper un ingeniero químico norteamericano que en 1944 tuvo la brillante idea de crearlo. Su invento revolucionó la utilización y conservación de los alimentos en todos los hogares del planeta.

La distribución en un primer momento se realizó a través de grandes superficies, ferreterías y pequeños comercios. Pero debido al desconocimiento de sus ventajas, cualidades y múltiples formas de uso, las ventas no funcionaban según sus previsiones. Así que decidió contratar a Brownie Wise una representante muy avispada, la cual implantó un sistema de venta piramidal. Consistía en vender sus productos a domicilio, realizando demostraciones en las que se invitaba a vecinas, familiares y amigas. Pero lo más importante no era realizar la venta, sino captar a nuevas vendedoras a cambio de jugosos incentivos y así sucesivamente hasta crear una red ilimitada de promoción y venta.

Este gran negocio aterrizó en España y pronto subió como la espuma. Como país de cotillas que somos, una buena manera de curiosear la casa de la vecina era acudiendo a este tipo de reuniones. En la mayoría de los casos, el perfil de las vendedoras, era el de amas de casa que con los nuevos vientos que traía la democracia, buscaban una independencia económica del marido.

Una de ellas era nuestra vecina del tercero, era rubia, de mediana estatura, un poco cuellicorta, físicamente recordaba a una mezcla entre Mari Trini y el ratón Tico de las aventuras de Willy Fog. Lo que más me llamaba la atención era su acento andaluz y que siempre estaba afónica, aunque no me extraña porque hablaba por los codos.

Cuando llegaba del colegio y mi madre se la encontraba en la escalera, sabía a ciencia cierta que la conversación iba a ir para largo, así que con resignación me sentaba con mi cartera a la espalda en los escalones, y esperaba a que ella terminara de contarle su vida. Había días que se alargaban tanto las conversaciones que me daba tiempo de hacer los deberes.

Una tarde de junio comentó a mi madre que iba a realizar una demostración de los míticos productos en su casa. A la hora acordada bajamos y entramos en su comedor. Aquello, era un hervidero de gente, de hecho al completarse el aforo máximo permitido en un comedor de 15 m2 y a la verborrea a la que nos tenía acostumbrados nuestra querida vecina, se realizaron varias sesiones hasta completar todas las presentaciones.

Como si de un programa de tele-tienda se tratara, iba explicando las múltiples cualidades de este producto sin parangón ante la atenta mirada del vecindario. Una vez terminada la exposición y la parte de ruegos y preguntas, te lanzaba una oferta que no podías rechazar. Si comprabas el lote completo te regalaba un molde para fabricar tus propios “polos”, utilizando tus bebidas o refrescos preferidos. Mi madre, debido en parte a nuestra presión por el fantástico regalo decidió comprar el lote de fiambreras.

Cuando llegamos a casa estábamos emocionados por nuestra nueva adquisición. Por primera vez íbamos a tomar verdaderos helados de Coca-Cola y no esos de cola que vendían los de Avidesa. Sin más dilación y emulando a los maestros jijonencos, llenamos los moldes con el “líquido elemento” y lo pusimos con sumo cuidado en el congelador. A partir de ese momento, una desazón recorría nuestros cuerpos, mis hermanas no paraban de mirar el reloj y yo cada cierto tiempo embargado por la ansiedad, abría la puerta del congelador para ver si aquel líquido había solidificado.

Mi madre nos aviso de que los polos de Coca-Cola ya estaban preparados, entramos en la cocina y nos quedamos perplejos ante aquella visión. Allí estaban, brillantes, jugosos, con ese color y sabor característico que sólo el popular refresco puede ofrecer. Como lobos hambrientos nos lanzamos sobre ellos para gusto de nuestros paladares, pero una terrible sorpresa nos esperaba.

Después de la primera chupada (no vale el chiste fácil) su color y sabor desaparecieron misteriosamente y aquel fantástico manjar se había convertido en un vulgar trozo de hielo, pero lo peor de todo es que tras varios usos no importaba si lo hacías de Coca-Cola o de aguarrás los putos helados siempre sabían a lo mismo “a plástico”.

Pasado el verano, nuestra vecina se despidió de nosotros para siempre. Se mudaba a una casa más grande. Supongo que gracias a aquellas tardes en las que colocó a medio barrio las famosas fiambreras, porque si hubiera sido por nosotros hubiera acabado viviendo debajo de un puente.


¡¡SI LO SÉ NO VENGO!!

martes, 29 de septiembre de 2009

Condena

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

Antonio Gala

lunes, 28 de septiembre de 2009

La aristocracia del barrio

Un PARAISO FISCAL es un país extranjero que posee una serie de características peculiares, la más importante de las cuales es que aplica impuestos mínimos o cero sobre capitales extranjeros. Actualmente existen más de 200 jurisdicciones que ofrecen uno u otro incentivo a los inversionistas no residentes. Muchos de estos países también son lugares paradisíacos para vacacionar.
(Fuente consultada: Injef)

Uno de ellos es Andorra, ese bello principado pirenaico situado entre España y Francia destino turístico para los amantes de los deportes de invierno y de la naturaleza. Durante los 80 fue por excelencia el lugar elegido para realizar el viaje de fin de curso. El motivo principal no era que los niños de la época conocieran mundo y disfrutaran de unos días fuera de la vigilancia paterna. La realidad era otra bien distinta. La mayoría de los españoles no disponía de grandes capitales que evadir así que la única manera de aprovechar las facilidades que el pequeño principado ofrecía y poder ahorrar unas cuantas pesetas (cuanto os añoramos) era la exención del IVA en todos los productos que comercializaban. En vez de comprar el típico suvenir que acababa llenándose de polvo en la estantería del salón, los padres encargaban a sus pupilos la compra de los productos estrella cuando se visitaban tierras andorranas: mantequilla, azúcar, tabaco y alcohol. Eso sí, siempre y cuando no excedieran de las cantidades legalmente permitidas para no incurrir en delito.

Junto a mi colegio había un pequeño quiosco donde se vendían toda clase de artículos para la vida de un estudiante, principalmente material de papelería, chucherías y productos de bollería industrial. Estaba regentado por una respetable viuda. Como podemos suponer, siempre vestía de riguroso negro para honrar el alma su difunto esposo. Su aspecto, al igual que el del quiosco, era un poco siniestro y desaliñado. Recuerdo que a la salida del colegio íbamos a su tienda a comprar y, dicho sea de paso, a coger alguna cosa sin permiso. Aunque éramos pequeños nos preguntábamos como era posible que con los saqueos a los que era sometida por parte de todo el colegio, esa pobre mujer pudiese subsistir. Misteriosamente, una semana al mes desaparecía de su puesto de tendera, dejando al cargo a su hija, evidentemente con ella los desfalcos persistían y dejábamos temblando las existencias de aquel quiosco.

Muchas leyendas se escuchaban sobre sus desapariciones en parte alimentadas por nuestras mentes calenturientas. Todos creíamos que aquella mujer guardaba un oscuro secreto en su trastienda. Según decían, como no había podido superar la muerte de su marido, no lo había enterrado y lo conservaba en una urna de formol junto al congelador de los ‘flashes’. Así que, cuando se ausentaba del quiosco, era para dedicarse en la trastienda al mantenimiento del cadáver.

Por aquel entonces si querías escuchar música con buena calidad de sonido tenías que comprarte un radiocasete y la mejor marca del momento según los expertos era Sanyo. Llevábamos varios meses dando la tabarra a mi madre para que nos lo comprara. Estábamos cansados de escuchar la música en el viejo tocadiscos de mi padre y lo que estaba de moda era escuchar los sábados por la mañana la lista de los 40 principales (sí, ya existía, no somos tan viejos). Después de mucho pelear, mi madre accedió. Mis hermanas y yo saltamos de alegría y empezamos a preparar una lista con los casetes que íbamos a comprar. Nada más recibir la buena noticia y rebosante de felicidad acompañé a mi madre a por el radiocasete. Comenzamos a caminar cuando de pronto y ante mi sorpresa se paró delante del quiosco de la viuda y entramos en él.

Mi madre saludó a aquella señora con familiaridad y empezaron a hablar. Recuerdo que la viuda anotaba en una libreta (de las de gusanillo) lo que mi madre le iba diciendo, a continuación le entregó un billete de 1.000 pesetas y nos fuimos.

Durante aquella extraña transacción empecé a temblar de miedo, mi mundo se vino abajo, estaba más claro que el agua. Aquella mujer era más lista de lo que nos pensábamos. No sé como podía haber ocurrido pero en aquella libreta tenía anotado todo lo que nos habíamos apropiado sin permiso y, de alguna manera, había conseguido localizar a todas las madres para que pasaran a liquidar las deudas de sus pequeños delincuentes.

Cuando salimos pusimos rumbo a casa. Debido a la tensión del momento no se me ocurrió preguntar por qué no íbamos a por el radiocasete. Se mascaba la tragedia, sabía que en cualquier momento me iba a caer una buena reprimenda, pero como estábamos en plena calle seguramente se esperaría a que llegáramos.

Nada más abrir la puerta mis hermanas preguntaron por el radiocasete. Mi madre les informó que ya estaba todo solucionado y que tuviesen un poco de paciencia. No entendía absolutamente nada, así que me armé de valor y esperando la mayor bronca de mi vida le pregunté: ¿Por qué le has pagado 1.000 pesetas sino has comprado nada?

Ante mi asombro e incredulidad, mi madre soltó una carcajada y me contó de primera mano aquel oscuro secreto que durante tanto tiempo había perturbado las mentes de todos los niños del colegio y de parte del barrio. La viuda usaba su pequeño negocio como tapadera. Su principal fuente de ingresos manaba de la compra-venta de toda clase de artículos traídos de estraperlo desde Andorra. ¡¡¡Toma ya!!! , tanto tiempo pensado que lo que había en la trastienda era una urna de formol y lo que realmente tenía era un arsenal de productos de contrabando. Ahora ya empezaban a cuadrar las cuentas, por fin entendí su permisividad mientras que le expoliábamos su quiosco como vulgares delincuentes. ¡¡Será posible!! Nosotros preocupados por su subsistencia y resulta que la tía era más peligrosa que Al Capone.

La consigna era clara. Aparte de los productos estrella podías encargarle cualquier mercancía si cumplías con tres requisitos: el primero ser madre, el segundo pagar el 50% del encargo por adelantado y el resto a la entrega y el tercero que cupiese en su maleta de viaje. A día de hoy no me explico como esa señora podía traerse aquellos encargos en una sola maleta. Le pregunté a mi madre por ese secreto pero no lo supo desvelar, desgraciadamente al igual que el asesinato de J.F Kennedy seguirá siendo un misterio por resolver.

Cuando llegué al colegio desvelé el gran secreto, pero nadie me creyó, les insistí pero no hicieron ningún caso de mis explicaciones. Ellos siguieron a los suyo, pensando que en la trastienda estaba el cadáver de su difunto esposo y aprovechando el momento en que la señora recogía los ‘flashes’ del congelador para vaciar las cajas de gominolas.

A partir de aquel día ya no participé en los saqueos. Para mí ya habían perdido todo el encanto, prefería ir a casa y junto a mis hermanas disfrutar de nuestras cintas favoritas en nuestro “Sanyo de contrabando”. En especial recuerdo una que mi hermana y yo escuchábamos sin descanso. Era del Dúo Dinámico y mi padre nos la compró un sábado por la tarde en Lanas Aragón.

¡¡ LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO!!

Espero haberte refrescado la memoria. Un beso.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Fiebre del sábado noche

Uno de los genios que nos ha brindado la literatura española es Francisco de Quevedo. De entre sus muchas obras y críticas literarias me gustaría resaltar una de sus frases más celebres: “la muerte está tan segura de ganar que nos da toda una vida de ventaja”. Con esto no quiero ponerme funesto y agorero, simplemente lo comento porque como es evidente a lo largo y ancho de nuestra vida vamos quemando etapas. Pero especialmente hay algunas en las que nos replanteamos nuestras vidas, en las que miramos hacia atrás para aprender de los errores cometidos y hacia adelante para plantearnos las cosas que nos quedan por hacer.

Normalmente estos momentos suelen coincidir cuando las etapas se cuentan por décadas. Y no sé porque razón, tal vez sea Freudiana, vaya usted a saber, siempre va asociado a ellas un término de candente actualidad, la “crisis”.

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de la crisis de los 30, 40, 50…………..etc? La respuesta es bien sencilla. No sólo hemos oído hablar de ello, sino que nos tienen machacados con el dichoso temita hasta tal punto que acaba convirtiéndose en algo psicótico.

Cuando se alcanza la fatídica década sientes que algo en ti empieza a cambiar, te preocupas más por tu aspecto: empiezas a utilizar lociones y potingues varios para prevenir las arrugas, te apuntas al gimnasio e intentas hacer dieta para eliminar ese flotador que crece entorno a tu cintura y compras vitaminas revitalizantes contra la alopecia. Si desgraciadamente ya eres donante oficial, te conviertes en un calvo con trampa (se dice de las personas cuyo flequillo comienza en una de sus orejas).

Pero hay un momento clave en el que te das verdadera cuenta de que caes en picado y necesitas hacer algo urgentemente para retrasar el final de tu juventud antes de entrar en el grupo de los maduritos.

Como cualquier fin de semana (cada vez son menos), quedas con los amigos para cenar y tomar unas copas. Durante la cena, a base de cerveza, vino y fritanga, comienzas a reverdecer viejos laureles contando antiguas batallitas que desgraciadamente nunca volverán, embriagados por el alcohol y la euforia del momento. En vez de acudir al pub donde habitualmente te sirven las copas sentado en una terraza, decides al igual que Hernán Cortés en la conquista de México, “quemar las naves” acudiendo a la discoteca de moda.

Al llegar a la “disco”, un hombre de aproximadamente dos metros, con traje chaqueta y pinganillo en la oreja, decide de manera arbitraria si puedes entrar. Pasado el primer filtro observas sorprendido que estas en el paraíso. Todo a tu alrededor esta lleno de mujeres espectaculares, bien vestidas, perfumadas y en perfecto estado de revista. En ese momento piensas que posiblemente has infartado debido a la ingesta de alcohol y comida y que el tío de la puerta era San Pedro, porque un lugar así no lo habías visto antes.

Pero lo que te hace despertar y volver al mundo real es cuando vas a la barra a pedir un cubata y una camarera de medidas espectaculares te sopla 12 pavos por copa. ¡¡No jodamos!!, por ese precio en lugar del canalillo nos tendría que enseñar el canalón.

Una vez servido, te unes al resto del grupo y de manera misteriosa formáis un círculo. Con en el cubata en la mano a modo de Playmobil empezáis a bailar de manera patética y arrítmica pues vuestros pasos de baile se han quedado más caducados que el “huevo de Colón”. Y por no hablar de cuando a alguno se le ocurre recuperar los míticos pasos de break dance (el robot, la corriente) y esa clase de cosas que han quedado demodé.

Pero poco a poco y gracias a los cubatas de 12 pavos, como si de Tony Manero se tratara os hacéis los reyes de la pista y las chicas se empiezan a acerca, pero no para ligar como pensamos nosotros, sino para investigar de donde hemos salido, si somos humanos o venimos de algún otro planeta, pues el espectáculo que estamos dando se puede considerar como dantesco.

Conforme se acerca el final de la velada comienza la “exaltación de la amistad”. Consiste en un ritual de besos, abrazos y alabanzas hacía todos y cada uno de los miembros del grupo. Normalmente se utilizan coletillas tipo: “Eres mi mejor amigo”, “Te quiero un montón”, “Somos los mejores”, “Tenemos que volver a quedar”. Evidentemente todo esto se expresa en un idioma extraño y difuso que sólo entienden las personas cuyo nivel alcohólico supera con creces los límites permitidos por las autoridades sanitarias. Lo que popularmente conocemos como “lengua de trapo”.

A la mañana siguiente te levantas como si un elefante te hubiera pisado la cabeza, estás desorientado, tu boca esta más seca que el esparto, una bomba química amenaza tu estómago después de haberte bebido hasta el agua de los floreros. Intentas contar de manera infructuosa el número de cubatas ingeridos, ¡¡que más da!!, tendrá que pasar una semana hasta que tu dañado riñón vuelva a drenar de manera aceptable.

Acurrucado en el sillón de casa reflexionas y decides que esa vida no es para ti, que a partir de ahora los fines de semana los utilizarás para realizar otra clase de actividades más saludables.


¡¡JUVENTUD, DIVINO TESORO!!

Tratado de impaciencia número 10

Aquella noche no llovió,
ni apareciste disculpándote,
diciendo, mientras te sentabas,
"perdóname si llego tarde".

No me abrumaste con preguntas,
ni yo traté de impresionarte
contando tontas aventuras,
falsas historias de viaje.

Ni deambulamos por el barrio
buscando algún tugurio abierto,
ni te besé cuando la luna
me sugirió que era el momento.


Tampoco fuimos a bailar,
ni tembló un pájaro en tu pecho
cuando mi boca fue pasando
de las palabras a los hechos.

Y no acabamos en la cama,
que es donde acaban estas cosas,
ardiendo juntos en la hoguera
de piel, sudor, saliva y sombra.

Así que no andes lamentando
lo que pudo pasar y no pasó:
aquella noche que fallaste,
tampoco fui a la cita yo.

(Joaquín Sabina-Inventario 1978)

martes, 22 de septiembre de 2009

Adiós mamá, pensaré mucho en ti

Durante años hemos creído que nuestro amigo “Marco” vivía junto a su padre y su hermano en Génova y que, desgraciadamente, por falta de recursos, su madre marcha a Argentina para trabajar y sacar a la familia de la pobreza. Pero al enterarse de que está enferma, Marco y su mono “Amedio” (no se que coño pinta un mono en esta triste historia) viajan de los Apeninos a los Andes para encontrar a su buena mamá, salvarla de su terrible enfermedad y así regresar felices y contentos a su añorada Italia.

Pero con los años me he dado cuenta de que toda esta historia es falsa y ha tenido engañados a millones de niños en todo el mundo que durante la semana esperaban ansiosos y compungidos las desventuras y penurias a las que el jodido Marquitos se veía sometido.

Las verdaderas razones de Marco, su mono y el resto del clan era que su madre regresara, porque después de un año de ausencia no habían tenido cojones a encender los fogones de la cocina, la casa estaba llena de mierda y el poco dinero que les mandaba la madre se lo gastaban en el bar del pueblo bebiendo vino y comiendo de menú.

Digo esto con conocimiento de causa pues algo parecido me ocurrió cuando “por fin” decidí abandonar el hogar familiar para vivir en pareja. Desde ese momento mi vida dio un giro de 180º. Pase de ser el rey de la casa a ser una vulgar cenicienta. De la noche a la mañana me vi en la obligación de administrar una casa y realizar labores domésticas hasta ahora desconocidas. Evidentemente sin la inestimable ayuda de mi mujer hubiera acabado como el clan de los Marco.

Aunque eres feliz por empezar una nueva vida y además compartirla con la persona a la que quieres, los primeros días se hacen cuesta arriba. Estás descolocado, te sientes como un extraño en tu propia casa. Una sensación de vacio te embarga y no sabes muy bien la razón. Hasta que caes en la cuenta de un detalle muy importante que había pasado desapercibo. Te falta “ese calor de hogar” que sentías cuando entrabas a casa de “mamá”.

Al igual que la ministra Bibiana Aído, creo firmemente en la igualdad de género y desde un primer momento decidimos que las tareas del hogar las realizaríamos de forma conjunta y equitativa dando ejemplo de convivencia cívica y moderna de una pareja del siglo XXI. ¡¡si mi abuela levantara la cabeza!!

Posiblemente el momento más traumático fue el día en que por primera vez iba a limpiar. Aquella mañana de sábado hice un descubrimiento que me dejó aterrado y con el cual tuve pesadillas durante varios meses. Su formación es uno de los grandes misterios de la ciencia moderna. Son pequeños trozos de color grisáceo, que campan a sus anchas por toda la casa. Su hábitat natural es el pasillo y son conocidos vulgarmente con el nombre de “pelusas”. Es increíble la cantidad que puedes encontrarte en 70 m2. Da igual las veces que pases la mopa, el cepillo o la aspiradora. Ellas, al igual que las cucarachas, se reproducen de manera espectacular. No podía dar crédito ante la cantidad de pelusas que recogí aquel día. Había tantas que si hubiera sabido hacer punto me hubiera tejido a buen seguro unas cuantas bufandas y varios pares de peucos.

Como dijo Sun Tzu:"si tu enemigo es más débil, conquístalo. Si es más fuerte, únete a él”. Siguiendo al pie de letra sus sabias palabras. Dejamos que las pelusas siguieran su función reproductora y contratamos a una empleada del hogar para que las conquistara.

Otro de los momentos que caracteriza los primeros días de convivencia son los “desayunos” del domingo compuestos por: zumo de naranja natural, tazón de leche con cereales, tostadas con aceite y tomate, mantequilla, mermelada de cinco sabores distintos, algo de bollería (vamos que puedes invitar a desayunar a toda la comunidad) y por último una ración de kiwis y ciruelas para remediar el estreñimiento de los primeros días. La gente dice que la naturaleza es sabia, pero más que sabia, es caprichosa. No se si existe razón científica sobre esto pero pienso que las posaderas (culos es cristiano) tienen memoria fotográfica y hasta que no se acostumbran a su nueva área de trabajo se cierran a cal y canto.

Desgraciadamente, pasado el ímpetu de las primeras semanas, te das cuenta que desayunar así todos los fines de semana es inviable, porque el tiempo que pierdes en prepararlo y tomarlo lo necesitas para, poner lavadoras, tender, planchar y hacer la compra. Así que no te queda más remedio que desayunar un simple vaso de leche y el zumo natural que tomabas se acaba convirtiendo en concentrado de pulpa de naranja.

Una vez independizado entiendes el término "económia de guerra". Tus primeras compras en el supermercado son millonarias. Tal es así que necesitas buscar un trabajo extra para llegar a fin de mes. Básicamente tu despensa y nevera están pobladas de toda clase de caprichos. Por regla general poco saludables y que en la mayoría de los casos terminan caducados y en la basura. Así que finalmente optas por recoger diariamente el "tuppeware" de mamá y dejas tu nevera con los productos básicos de supervivencia: huevos, leche, zumo concentrado de pulpa de naranja y un trozo reseco de limón.

Aunque no lo parezca para los hijos siempre es duro abandonar el hogar familiar, pero creo que para las madres es mucho peor. Y una buena manera para describirlo son estos versos de Serrat:


Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos transmitiendo nuestra frustaciones
con la leche templada y en cada canción.

Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós.

(Esos locos bajitos)

Tengo que decir que esta vida no la cambio por ninguna. Como he comentado antes la vivo con la persona que más quiero. Pero a diferencia de Marco no tengo que cruzarme el charco para encontrar a mi buena mamá, porque ella está a cinco paradas de autobús para cuidarme y protegerme como siempre ha hecho.


¡¡ Bendita seas !!

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Telenostalgicos

Mucho antes de que aparecieran los canales privados y autonómicos, los españoles sólo podíamos disfrutar del los programas que emitía la TVE. Su programación era de lo más variada pues con sólo dos canales había que contentar a toda la familia. La emisión finalizaba a medianoche (de ahí el índice de natalidad de aquellos años), con imágenes del rey al son del himno nacional. A continuación se escuhaba un pitido ensordecedor y aparecía nuestra querida y añorada carta de ajuste.

Ahora con las plataformas digítales y con la próxima incorporación en todos los hogares del país de la TDT, disponemos de una gran variedad de canales (a cual peor) que emiten de manera ininterrumpida las 24 horas.

Antes, no teníamos posibilidad de elección, había que conformarse con lo que los señores de Televisión Española quisieran emitir, si a esto le sumabas que en casa sólo había un televisor no había más remedio que acoplarse y compartir las emisiones con el resto de la familia.



En el año 82 se produjeron grandes cambios políticos, sociales y culturales en nuestro país. Superado el intento de golpe de estado por unos cuantos militares vinculados al antiguo régimen.Todo cambio de forma radical. Por primera desde las elecciones de 1936, un partido de izquierdas alcanzaba el poder con mayoría absoluta, durante el verano se iba a celebrar el mundial de fútbol y la archiconocida “Movida madrileña” vivía su momento de máximo esplendor.

Pero en nuestra familia también se produjeron cambios importantes. Después de muchos ruegos y suplicas el color entraba en nuestra humilde morada y con ello dábamos un paso muy importante en nuestras vidas. Por fin íbamos a conocer una de las estancias hasta entonces vedada para nosotros. Él santo santorum de cualquier familia de clase media de aquellos años, “el salón”. Como la mayoría de las madres de la época el salón sólo podía utilizarse para hablar por teléfono y según el precepto divino, los domingos y fiestas de guardar.

Hasta aquel día hacíamos vida en la salita. Era una estancia muy sencilla compuesta de: una mesa, seis sillas, una mecedora, un pequeño mueble librería y por nuestra única televisión. Una Vanguard con “UHF”. Pero esa vida tenía las horas contadas. Él camión del Corte Inglés estaba apunto de aparecer.

Cuando entraron a casa, todos estábamos nerviosos y expectantes esperando el momento en que aquellos hombres con mono azul, desembalaran la caja gigante que llevaban entre sus brazos. Una vez instalada, un prolongado ¡¡¡OOOOOOOOOHHHHHHHHHHHH!!! se escuchó por todo el vecindario. Por fin íbamos a saber como vestían realmente los personajes de la “tele”.

La miramos con incredulidad, parecía como un sueño, pero esta vez era real. Ahí estaba, una Elbe a todo color igualita que la del anuncio (lo del vídeo fue más adelante no había que abusar). Al principio nos costo acostumbrarnos. De hecho estuvimos varios días viendo la tele con gafas de sol, ya que tanto color nos deslumbraba. Parecía como ver ahora una película en 3D. Pero una vez superado el shock se convirtió en un miembro más de la familia.

Alrededor de nuestra querida Elbe pasamos tardes enteras en las que mi madre nos preparaba la merienda, que básicamente consistía en bocata de Nocilla o en su defecto vaso de leche con Galletas María Fontaneda (las marcas blancas no existían en los 80). Con ella compartimos los mejores programas que hasta la fecha se han emitido en televisión. Pienso que no hace falta recordarlos ya que son de sobra conocidos.

En lo que si me gustaría hacer hincapié es en algo que ha quedado grabado a fuego en la memoria de todos los que vivimos aquella época, algo que a día de hoy parece ridículo pero que en aquel momento seguíamos a rajatabla. Era un logotipo que aparecía en la parte superior derecha de nuestros televisores “Los Rombos”.

El rombo, aparte de ser un paralelogramo que tiene los lados iguales y dos de sus ángulos mayores que los otros dos. Lo utilizaban en televisión para indicar que el programa que comenzaba no era apto para menores de 14 años (1 rombo) o de 18 años (2 rombos). En cuanto aparecían los dichosos rombos nuestros padres nos mandaban a la cama sin derecho al pataleo.

Hoy, con la guerra de las audiencias todo vale para enganchar al espectador. No importa el lenguaje ni los modales utilizados, tampoco se tienen en cuenta que el programa se emita en horario infantil, si con ello arañan unas décimas de “share”.

Mucho ha cambiado la televisión desde entonces, pero lo que quizás más se echa de menos son programas en los toda la familia pueda sentarse alrededor del televisor.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Incautos

En el siglo de oro español se acuñó el término de picaresca española en referencia a las novelas donde gente de mal vivir utilizaba sus malas artes con el único fin de aprovecharse de la buena voluntad de las personas. Novelas como La vida del Lazarillo de Tormes, El Buscón Don Pablos, Rinconete y Cortadillo son claros ejemplos de ello.

Pero, como siempre, la realidad supera a la ficción y nuestro país se ha convertido en una auténtica cantera de pícaros donde se han ideado algunos de los mejores timos de la historia y para muestra un botón (timo del nazareno, de la estampita, de la mancha, del tocomocho) y un largo etcétera de pufos y estafas que permanecen de manera intemporal en nuestra sociedad.

Con la llegada del mes de septiembre entramos en un estado de colapso mental porque muy a nuestro pesar las comidas a la voreta del mar se terminan y nos vemos en la obligación de incorporamos a nuestros puestos de trabajo. Eso, en el mejor de los casos, pues conforme esta el panorama algunos lo hacen directamente a la cola del paro.

Pero entre todos los timos, eso sí (consentidos), existe uno que supera a los demás. Año tras año se sigue practicando de manera impune, sin que las autoridades y las asociaciones de consumidores tomen medidas al respecto. Se trata del llamado “FIEBRE DEL COLECCIONABLE”

Durante el mes de septiembre los quioscos de todo el país se ven invadidos por un ejército de coleccionables a cual de ellos más inútil. Su temática es muy sencilla, te ofrecen los dos primeros fascículos (regalo incluido) a un precio irrisorio. Y aquí esta el truco, el precio de las siguientes entregas es un 500% superior al de lanzamiento y lo peor de todo, el número de entregas hasta finalizar la colección es indefinido.

De entre las muchas colecciones que colman las estanterías de los quioscos. En mi humilde opinión éstas son sin duda las que ocupan el Top Five:
  • Mil ideas de ganchillo: un sinfín de ideas y colores para bordar que le darán a tu casa un toque aún más hogareño.
  • Cursos de baile: déjate llevar por los más expertos profesores y convierte tu casa en una academia de bailes de salón y latinos.
  • Setas ibéricas: para disfrutar del bosque y acercarse a la naturaleza.
  • Rosarios del mundo: símbolos de la devoción cristiana en una colección única pensada para la oración y meditación.
  • Bismarck: monta fácilmente, paso a paso, tu modelo del legendario acorazado Bismarck de la Segunda Guerra Mundial con todo lujo de detalles.
  • Muñecas del mundo en porcelana: México, Japón, India, China..... Déjate cautivar por una colección que une la diversidad cultural con la ternura y delicadeza de entrañables muñecas de porcelana.
  • (Fuentes consultadas: RBA Coleccionable, Planeta de Agostini, Editorial Salvat, Altaya).

Como decía Jesulín IM-PRESIONANTE, y yo me pregunto: ¿qué persona en su sano juicio puede llegar a coleccionar este tipo de cosas?. Después de una larga reflexión y analizándolo fríamente he llegado a la siguiente conclusión:

Un sujeto (A) se dirige a comprar la prensa del día. De pronto, en la estantería de su quiosco habitual observa un coleccionable que llama poderosamente su atención, “Setas Ibéricas”, en el que con la primera entrega le regalan una seta de la sierra de Gúdar. De una manera impulsiva y llevado por la curiosidad del asunto, decide comprarlo.

Por equivocación (seamos bien pensados) la seta en cuestión es alucinógena. Al ingerirla siente un deseo loco de bailar, poseido por el éxtasis del momento baja de nuevo al quiosco y compra “Cursos de baile”. Por el contoneo de las danzas latinas algo entre sus piernas comienza a ponerse más duro que una piedra y la única manera de desahogarse es observando la ternura y delicadeza de entrañables “Muñecas de porcelana”, no sin antes tomar las debidas precauciones con un condón tejido gracias a las “Mil ideas de ganchillo”. En el punto álgido de su viaje lisérgico y como la canción de Mecano, hace un viaje a Venus en un barco, más concretamente en el “Bismarck”.

Desgraciadamente los efectos comienzan a desaparecer, el mundo irreal que había construido en su cabeza era muchísimo más divertido. Su vida carece de sentido, no sabe lo que hacer, está perdido y desorientado. Hasta que por fin encuentra algo que volverá a dar sentido a su vida, los “Rosarios del mundo”. Gracias a ellos, con la oración y meditación ha vuelto a encontrase a sí mismo.

Así que, si no queremos acabar como el sujeto (A), no seamos incautos y cuando entremos a un quiosco no caigamos en la tentación de hacernos con uno de los muchos coleccionables. A no ser que nos regalen una seta ibérica "alucinógena".

Sinceramente tuyo

Cuéntale a tu corazón
que existe siempre una razón
escondida en cada gesto.

Del derecho y del revés
uno sólo es lo que es
y anda siempre con lo puesto.

Nunca es triste la verdad,
lo que no tiene es remedio.

Joan Manuel Serrat

domingo, 13 de septiembre de 2009

Soldadito español, soldadito valiente

No hace muchos años en nuestro país era de obligado cumplimiento realizar el servicio militar, hasta que con la entrada del nuevo siglo se acordó la supresión del mismo para profesionalizar las Fuerzas Armadas.

En la España de blanco y negro, y hasta bien entrada la democracia, no sólo era una obligación sino que era un orgullo el servir a la patria, en parte debido a que para muchos jóvenes la única manera de salir de sus pueblos o ciudades era cumpliendo con sus deberes de español.

Cada mes de noviembre, una vez cumplidos los dieciocho años, siempre y cuando no hubieses solicitado la prórroga de estudios, se realizaba el sorteo de los mozos donde se conocía el destino que te había tocado en suerte.

Recuerdo que el sorteo se retransmitía en directo por televisión. Lo que más me llamaba la atención era ver como esos chavales lo celebraban. Todo era fiesta y alegría, aunque yo pensaba que algo oculto y macabro se escondía detrás de esas sonrisas.

Desde pequeño y hasta que alcanzabas la edad legal para cumplir con el servicio a la patria, muchas son las historias que escuchabas sobre la mili: que si haces muchos amigos, que si aprendes a ser independiente y, lo más repetido, “te harás un hombre”. No me extraña, en una compañía con 200 tíos fijo que alguno te borra el cero. La gente que había vivido en sus carnes la experiencia cuartelaría te contaba las mil y una maravillas de aquel mundo color caqui, con guardias, imaginarias, Cetme e instrucción incluidas, parecían como las historias del abuelo Cebolleta.

Pero a mí no me engañaban, se creían que iba a cambiar el arroz al horno de mi madre por el rancho de la cantina, que me iba a despertar con el toque de corneta en vez de con las carantoñas y la voz dulce mi “mamá”, ¡¡ no señores, esa vida no era para mí !!. Además, sólo con pensar en el simple hecho de tener que abandonar la bodega del barrio donde mis amigos y yo pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo, era razón de peso para buscar alternativas a no realizar el servicio militar, y la única manera de hacerlo era declarándose objetor de conciencia.

Para ello, debías enviar una carta al Ministerio de Defensa exponiendo las razones por las que te negabas a realizar el servicio militar. Una vez pasados todos los trámites y declarado oficialmente objetor de conciencia, debías realizar la PSS (Prestación Social Sustitutoria) cuya duración era de nueve meses.

A mediados de los noventa éramos varios los amigos que debíamos ser sorteados por lo que escuchábamos con interés las noticias relacionadas con el tema. El Ministerio de Defensa estaba desbordado, la lista de objetores superaba los 200.000 y seguía creciendo, no daban abasto. Había más personas que puestos a ocupar así que, con un poco de suerte, podías escaquearte de realizar la prestación.

Como los peregrinos que guiados por la fe acuden a Lourdes para que les conceda un milagro, fuimos a declararnos objetores de conciencia. Nosotros, demócratas confesos alegamos razones “filosóficas, éticas y morales” acogiéndonos al artículo 30 de nuestra bendita Constitución.

La noticia en mi casa fue recibida con disparidad de opiniones. Por una parte estaba mi madre. Ella se alegraba de que su hijo siguiera estando bajo el ala materna, en cambio mi padre no se lo tomó nada bien. Para él, y como para la mayoría de padres de su generación, era un orgullo que su vástago mayor cumpliera con sus obligaciones de español desfilando y besando la bandera.

Con mucha paciencia le expliqué que ser objetor no significaba que me fuera a dejar rastas y tocar la flauta en la calle acompañado por un perro pulgoso. A regañadientes aceptó mi decisión, haciéndole la firme promesa de que una vez al mes acudiría a mi cita con el peluquero.

Aproximadamente pasó año y medio desde que oficialmente fui declarado objetor. Había encontrado mi primer y hasta la fecha único trabajo. Todo transcurría con normalidad. Evidentemente, la idea de realizar la prestación había desaparecido de mi cabeza.

Hasta que un buen día mi madre me llamó al trabajo y me dijo: “han llamado del IVAJ (Instituto Valenciano de la Juventud), tienes que presentarte a las 9:00 de la mañana en la calle del Mar”. En ese momento todo mi mundo se vino abajo. Sinceramente creía que se habían olvidado. Lo primero que hice fue llamar a mis amigos y preguntarles si a ellos habían recibido la misma llamada, su respuesta fue negativa (a día de hoy no los han llamado). Puta ley de Murphy. Así que, con gran dolor de corazón, no había más remedio que cumplir con el compromiso adquirido.

A la hora indicada, llegué a las oficinas del IVAJ. Éramos unas sesenta personas. Debías rellenar un cuestionario y elegir un destino para realizar la prestación. Yo, como estaba trabajando, al igual que el polvete, sólo podía hacerlo los fines de semana.

Tenía dos opciones a elegir, una residencia de ancianos o entrar a formar parte de las Brigadas de Vigilancia Forestal que la Generalitat tenía distribuidas por toda la Comunidad. Como decía mi profesor cuando me hacía copiar la lección: “si no quieres caldo, toma dos tazas”.

Éstos son los caprichos del destino. Yo, que en mi vida me había ido de acampada y el fuego que más cerca había visto era el de mi mechero quemando piedras para los cigarros de la risa, me iba a dedicar durante nueve meses a vigilar los montes del Alto Palancia.

¡¡Que Dios nos pille confesados!!

Y así empezó mi vida como objetor, pero eso lo dejamos para otro día.